tu nombre (el mío)

Flotando en el espacio. Miles de puntitos lejanos que titilan. Por momentos, se amontonan en el rabillo del ojo, y aparecen más brillantes, más eternos y cercanos. Pero cuando doy la vuelta, vuelven a tomar distancia de mí, como si no quisieran ser tocados, molestados. La distancia de aquello que es infinito. De lo queSigue leyendo “tu nombre (el mío)”

érase una vez una mujer con serpientes en la cabeza.

Nunca he soñado con serpientes.  De hecho, nunca he sabido a ciencia cierta cuántas tenía en mi cabeza.  No siempre estuvieron ahí: antes ocupaba su lugar una cabellera hermosa, larga y de color rojo como el fuego, ondeada como el mar bravo. No recuerdo cuándo me acostumbré a sus presencias escurridizas. Siempre en movimiento, siempreSigue leyendo “érase una vez una mujer con serpientes en la cabeza.”