Las delicias de Carmencita

“¡Alicia!” Gritaba mi madre a viva voz. ¿Dónde estás? No me estaba escondiendo de ella, pero no quería volver al curro. Tenía las manos rojas de tanto fregar la vajilla de la noche anterior y las uñas –que me las había arreglado dos días atrás— ya estaban hechas un lío.   Odio mi vida. “¡Alicia!” SalíSigue leyendo «Las delicias de Carmencita»

a la vuelta de mi propia esquina

Una vez fui caracol. Me paseaba lentamente por los costados de los caminos; el tiempo no importaba: no era una dimensión que entendiera. Lo que importaba era la lluvia, el sol y los animales.  Y los niños. Por alguna razón, a los niños les fascinan los caracoles.  No era capaz de entender por qué. PodíaSigue leyendo «a la vuelta de mi propia esquina»