Relatos

Mar de las Pampas, Buenos Aires, Argentina, 2018.

Work & Play.

Práctica y creatividad.

Propuestas realizadas para el Taller de Escritura Creativa de Fuentetaja (en su mayoría… por ahora… después… quién sabe después). Bajen y vean.

High ‘n Dry

“Tras la muerte, queda vida. Sucia, oscura, olorosa. De madrugadas infames y noches narcotizadas. De domingos de misa mañanera –con sus perdones y sus promesas inválidas— y de tardes con gusto a cerveza.” Así pensó Cathal, con menos poesía y más sencillez, mientras observaba a la distancia el sol esconderse en el secarral que formabaSigue leyendo “High ‘n Dry”

érase una vez una mujer con serpientes en la cabeza.

Nunca he soñado con serpientes.  De hecho, nunca he sabido a ciencia cierta cuántas tenía en mi cabeza.  No siempre estuvieron ahí: antes ocupaba su lugar una cabellera hermosa, larga y de color rojo como el fuego, ondeada como el mar bravo. No recuerdo cuándo me acostumbré a sus presencias escurridizas. Siempre en movimiento, siempreSigue leyendo “érase una vez una mujer con serpientes en la cabeza.”

Rosa en cautiverio

–Rosa, ¿me escuchas?  Veo. Luz. Siento. Calor. Huelo. Un aroma ácido, penetrante. ¿feo? Escucho. Voces que repiten un nombre. Rosa. Veo.  Personas vestidas de azul. Siento. Dolor en el cuerpo. Huelo. Mi propio sudor. Escucho. Voces que repiten un nombre. Rosa. Y me miran. Y repiten: Rosa. ¿Seré yo? ¿Quién soy? Puedo abrir más losSigue leyendo “Rosa en cautiverio”

equilátero

Nota: No había otra opción: tenía que saltar.  —Treinta metros aproximadamente —se dijo. Miró hacía atrás, sintió el calor de las llamas que estaban a punto de abrazarlo, se dio media vuelta, hizo la señal de la cruz, y saltó al vacío, sin mirar. * Tardamos casi tres días en recuperar el cuerpo de Nicolás. Desarticulado,Sigue leyendo “equilátero”

entre cuarentenas

Es mi día seis de cuarentena. Encerrada en mi piso de Madrid, solo comparto metros cuadrados con mi gatita, Saba, quien duerme la mayor parte del tiempo, y la otra, se acerca a mí en busca de mimos.* De las cosas que quiero hacer en estos días de encierro es escribir. Estoy empezando a hacerloSigue leyendo “entre cuarentenas”

La Línea de Marte

espacios- atmósferas-tiempos: Un café en Madrid. Marzo de 1984. Es un café céntrico. Es de mañana. Hay muchas personas sentadas en la barra, tomando café con leche con croissants y otras con churros. Están incluso los más atrevidos, que se toman un carajillo. Oscar y Luis, dos hombres de aproximadamente treinta años están sentados enSigue leyendo “La Línea de Marte”

pájaro en mano

Marta había recorrido mucho camino para llegar donde estaba ahora. No era una persona particularmente brillante, pero sí voluntariosa. Cada día se despertaba a las siete –daba lo mismo si se dormía a las doce o a las cuatro de la mañana— se preparaba un buen desayuno, organizaba su agenda, se duchaba y se sentabaSigue leyendo “pájaro en mano”

Anita

El día en el que Anita salió con Pedro, se puso su mejor vestido. Se lo había regalado su madre hacía un año, solo lo usaba para ocasiones muy especiales, y la cita con Pedro de aquel 22 de febrero de 1955 era una de esas ocasiones.*  El vestido era de color rojo intenso ySigue leyendo “Anita”

testigo

Ciudad de Buenos Aires, 19 de enero de 2020. 16:09 horas. Comisaría 12 C. Oficial a cargo del informe preliminar: Iván Millán.* A las 21:00 horas del día 18 de enero de 2020, en el domicilio de la Avenida de los Incas 3901, cito en el barrio de Villa Ortúzar, en la ciudad de BuenosSigue leyendo “testigo”

en un café

Tengo que dejar de engañarme diciéndome a mí misma que está todo bien. No está nada bien. Me siento triste, rozando el desconsuelo. Se me acelera el corazón de sólo pensarlo tangencialmente. Ya por eso valió la pena. Pero me entran unas ganas desesperadas de gritar bien fuerte, de hacerme daño la garganta de tantoSigue leyendo “en un café”

lo que hay que callarse

—Entonces, ¿la presentación fue un éxito? —Miguel pregunta sin hacer contacto visual con Juan, mientras intenta, sin éxito, prepararse un café con la máquina nueva que han traído a la cafetería de la empresa.  —¿Te ayudo?  Juan, más ducho en todo lo que tecnología se refiere, va al rescate de Miguel, y el café comienzaSigue leyendo “lo que hay que callarse”

de Luis

M., 17 de enero de 1990. Querido amigo, Esta noche soñé con mi mamá. Sentí su tristeza, la reconocí en el tono de su voz. No hablaba de nada importante, pero yo sabía que no estaba bien. Podía oler el perfume de rosa mosqueta que a ella tanto le gustaba. No conocí otra persona queSigue leyendo “de Luis”

mis manos

Tengo cinco dedos en cada mano. Dirán que no hay nada raro en eso, pero se sorprenderían: hay gente que nace con seis dedos, y otros que ni siquiera prestan atención al número de dedos que tienen en las manos. Yo sí le presto atención, puesto que siempre he sido amante de los detalles ySigue leyendo “mis manos”

Monzón

Me gusta la nieve. Cuando cae, los copos blancos me hacen sentir como el personaje de un cuento de hadas. Cristales suaves y fríos que caen desde el cielo y se desvanecen al tocar el suelo. Mágico. La lluvia me entristece. La nieve me hace sentir especial. Irónicamente odio el frío, soy de esas personasSigue leyendo “Monzón”

pleamar-bajamar

Había vuelto a la playa de Bolonia. Hacía muchos años –más de diez— que no la pisaba. Yo era otra entonces. Siempre me dio gracia cuando las personas dicen que no podemos cambiar. Desde dónde yo lo veo, estamos en constante cambio: la persona que soy ahora no es la que una vez fui niSigue leyendo “pleamar-bajamar”

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